jueves, 4 de octubre de 2012

EL TIEMPO

A veces, un atardecer cualquiera o después de volver de juerga, te sientas en el sofá o en una silla en la terraza o el balcón y, sin saber porqué, empiezas a recordar y reflexionar sobre cómo pasa el tiempo.
El tiempo, traidor que nos da la puñalada por la espalda, al igual que los amores eternos, creemos será largo pero se nos va de las manos como un niño pequeño de las de su madre al ver un dulce o un juguete. Y sin darte cuenta, la chica que ves pasar en este amanecer es tu prima, cinco años más joven que tú, esa a la que le hacías bromas con los fantasmas y el coco, que ya tiene novio y sale por la noche como tú, que cree que el paso del tiempo no tendrá efecto sobre su piel ni su pensamiento, al igual que tú lo pensabas antes.
Y tu madre, roncando desde la habitación de al lado,o el piso de al lado, estuvo trágándose cuatro horas de tele para ver si llegabas de pieza entera a casa, cuando antes eras tú el que te tragabas tele para ver la luz asomando por la puerta cuando llegaba del trabajo.
Las gentes cambian. Tu tío, ese al que le gustaban las bodas y llegaba casi todos los días borracho a casa hoy apenas sale, parece como si la vida estuviera buscándole sustituto, pero ninguna persona sustituye a otra, así que no encontraremos ninguna chica que iguale a aquella que nos juró fidelidad a los quince y que hoy ves pasar bajo tu balcón apoyada en el hombro de otro que , creerá en estos momentos lo mismo que tú apenas tres años antes. Las personas no somos tán diferentes. ¿Porqué entonces matarnos en guerras?
Pero eso no lo comprende tu vecino de arriba que aún sigue pensando que Franco resucitará, y que hay que estar alerta por si vuelve la España roja.

Y sumergido en estos pensamientos de repente tu padre te toca el hombro y te dice que qué haces durmiendote en los laureles,que menudos ojos tienes - de negros-, y que te acuestes de una puñetera vez.



Texto sacado de "La página de los cuentos"
Se desconoce quien fue el autor de la obra, por lo que a pesar de su carácter totalmente ficticio, cuando el libro fue publicado muchos creyeron que de verdad existiá Mandeville, y el libro era considerado una verdadera referencia geográfica.








Esta es mi segunda entrada del blog y trata sobre "el tiempo", esa palabra que nos da tanto miedo. Con el paso de este, unas veces, perdemos cosas que siempre recordaremos, y en otras ocasiones, recordaremos buenos momentos que también nos qedarán marcados.A pesar de todo lo malo o bueno que nos puede dar, en mi opinión hay una cosa clara: el tiempo pone cada cosa en su sitio.

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